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Misiones

Testimonio 

El Otro Milagro

Son las diez y media de la noche, la humedad se cuela por la piel, en pleno verano tropical hace un poco de frío, el huracán que fue anunciado al parecer tocó tierra en alguna parte cercana ya que todo el día ha llovido.

 

     La monotonía de la lluvia es interrumpida por el timbre telefónico, a esta hora no es nada bueno: “Pastor mi padre está muy malo, ─dice la voz que aún no identifico al otro lado de la línea─ ¿nos puede llevar a ver al médico?”

     Unos minutos después la hermana Beatriz y su padre, don Pascual de más de 80 años, están en mi vetusto auto. La hormiga, como llamamos al automóvil, avanza patinando por aquella anegada brecha, pronto queda atascada, posada sobre su “panza”, unos jóvenes y niños nos ayudan salir de ese atolladero, me preocupa el estado del auto ya que escuché ruido de lámina rasgada, pero seguimos adelante.

     

     Tras intentarlo con otros dos, el tercer médico abre la puerta de su casa y luego de revisar a fondo a don Pascual nos dice: “Es una embolia, es necesario llevarlo a la ciudad para que lo atiendan”. De viaje a la ciudad en medio de la lluvia, me entero que don Pascual carece de servicios médicos gubernamentales, el dinero que traemos no alcanza ni para abrir la puerta de un hospital particular.

 

     Oro en silencio por sanidad, o al menos por sabiduría para salir de aquella situación, recuerdo que en un pueblo a la vera de aquel camino atiende durante la noche otro médico. “Vamos a llegar por una segunda opinión” comento a la hermana Beatriz. Al trasladar a don Pascual al consultorio noto que ya no es tan pesado, casi camina por sí mismo. Un rato después escuchamos a este médico decir “Estoy más malo y loco yo que usted don Pascual”.

 

     Aliviados regresamos a casa de la hermana Beatriz y la dejamos además de a su padre ─don Pascual─. De momento no nos dimos cuenta pero aquella noche fuimos testigos de dos milagros. No debería sorprendernos, el Señor Jesús dijo: “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.”

 

    Semanas después fuimos a visitar a don Pascual, al vernos su nuera gritó “¡Don Pascual aquí lo buscan!”, del fondo de aquella casa rural salió caminando don Pascual ayudándose con un bastón y levantando una silla con la otra mano. En dos años que tenía de conocerlo nunca lo había visto tan entero.

 

     Esa tarde mientras platicaba con un don Pascual cuerdo y sano, recordé que al llevar mi carro a cambiarle aceite, el mecánico ─un simpatizante del cristianismo─ me dijo: “¿Cuál aceite le voy a cambiar? si no trae nada”, hacía más de una semana que el filtro de aceite se había rasgado, no puedo calcular cuántos kilómetros manejé con ese filtro agujerado. Ese fue el otro milagro.

     Toda la gloria al Rey de reyes y Señor de señores.

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