Conferencia General
Provisional Mexicana
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A r t í c u l o      P r i n c i p a l 

“Los setenta regresaron con gozo, diciendo: Señor, hasta los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y Él les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad, os he dado autoridad para hollar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo, y nada os hará daño” Lucas 10:17-19 (LBLA)

La historia de Lucas 10, sobre la misión de los setenta, nos muestra el quehacer de los discípulos; dar a conocer el reino de Dios en la tierra, con nuestros semejantes y no semejantes. Es una lucha sin cuartel, tiempo ni límite de caídas.

 

Un discípulo de Jesucristo es llamado y comisionado, es decir, un discípulo de Jesús es llamado para estar en la presencia de su maestro y divino redentor; Jesucristo (Mar 3:13-19), y adjunto es enviado a una misión colosal. Colosal porque que está más allá de nuestra fuerza, capacidad, habilidad, resistencia y humanidad. Por lo tanto, se requiere de un poder o don sobrenatural (Hechos 1:8-9) que esté más allá del poder que debemos vencer: Satanás, huestes de maldad, pecado, carnalidad, etc., pues de otra manera, sin esta suficiencia, investidura, compañía ─Dios Espíritu Santo─; sería una lucha escarnecida, invencible e imposible.

 

Veámoslo microscópicamente. El ejercicio y realización de la predica y proclamación del evangelio de Jesucristo, es una declaración de guerra a la huestes y príncipes de maldad

 

…Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.”  Lucas 10:18

 

Los discípulos, sin una conciencia cósmica de la implicación, y sin saberlo, sólo obedecieron,  fueron a cumplir el mandato de Jesús, predicando a los pueblos, casas y familias, y en su ejercicio, se encontraron con una realidad desoladora de enfermedad, posesión demoniaca, destrucción y otros, sin embargo, ellos procedieron según habían visto y aprendido de su divino maestro, y gracias al poder y autoridad del nombre de  Jesucristo, lo cumplieron, se sorprendieron y gozaron por los resultados.

 

Los setenta regresaron con gozo, diciendo: Señor, hasta los demonios se nos sujetan en tu nombre” Lucas 10:17

 

Es pues, necesario saber, y no ignorar la envergadura de un trabajo de evangelista, pastor, misionero, predicador, discípulo, etc., que se aboca a establecer el reino de Dios en la tierra, le es irrealizable por habilidad o característica humana, pues los poderes demoniacos, que gobiernan el país, estado, ciudad, colonia y/o familias están por encima de la potencia humana.  Tan es así, que nuestro medio ambiente y natural está plagado de toda actividad inaudita e inconcebible de maldad, desolación, destrucción, inmoralidad, insensatez, pecado y muerte. Por lo tanto, la realización y cumplimiento  de la Missio Dei “misión de Dios” requiere de una súper estrategia y súper armadura, pues de otra manera, se vuelve una misión imposible de cumplir.

Veámoslo bajo la lupa del apóstol Pablo, en la carta a los Efesios.

 

Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”   Efesios 6:12 (RVR 1960)

 

Hay una característica imponderable en esta carta y la enseñanza de nuestro Señor Jesucristo. Para la transmisión, implantación, evangelización, proclamación, plantación de iglesias, se requiere de la investidura o armadura del soldado de Dios (Efesios 6:13-17), la cual es sostenida, unida, articulada, por el constituyente de la oración.

 

Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”  Efesios 6:18 (RVR 1960)

 

Me detendré aquí unos instantes más. La oración es la parte fundamental de la armadura, de la actividad cristiana y el quehacer misional, sin ella, poco o casi nada es posible.  Citaré a C. H. Spurgeon quien dijo: la predicación de Cristo es el látigo que azota a Satanás. Sí, es verdad, pero iré más lejos: la oración es la bomba que destruye su reino de mal.

La reflexión es sencilla, pero difícil de cumplir para algunos, de realizarla al sentido divino, es decir, al nivel de la expectativa de Jesucristo: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? (Mateo 26:40); o al desafío del apóstol Pablo: Orad sin cesar (1 Tesalonicenses 5:17), orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica  (Efesios 6:18); y sin embargo, el fruto o resultado de la Missio Dei, la evangelización, prédica y plantación de iglesias depende del ejercicio, práctica, nivel e intensidad de oración.

A lo largo de la historia, encontraremos evidencia de esta díada: evangelización-oración. Les narro la historia de una misionera en India1, a principios del siglo XX, descubrió este equilibrio de una hermosa manera. Se sentía frustrada por falta de resultados en su obra. Entonces, decidió que, en lugar de pedirle a Dios que bendijera lo que ya estaba haciendo, transformaría la oración en una nueva prioridad en su ministerio. Al principio, no fue fácil, porque continuamente pensaba en todo lo que «debía» estar haciendo, mientras empezaba cada mañana de rodillas. A menudo, se sentía culpable, como si no estuviera trabajando lo suficiente. Pero pronto, descubrió que la oración era el trabajo. Requería un esfuerzo especial, de una manera que nunca había comprendido. Quedó maravillada ante la transformación que le sucedió al estar orando más. Le escribió a una amiga:

  • Ahora, cada sección de la obra está en una condición más próspera que nunca antes. Ya no hay tensión ni presión en mi vida. El gozo de sentir que mi vida está equilibrada -la vida de comunión por un lado y la de trabajo por el otro- me trae constante descanso y paz No podría volver a vivir como antes, y Dios quiera que siempre me resulte imposible.

     La oración y la acción son dos lados de la misma moneda de la fe madura y parecida a la de Cristo. La acción sin oración, aunque se haga para Dios, suele errar el blanco.

    Es asombrosa la cantidad de ministros, jóvenes y viejos, que recorren el mundo buscando estrategias para plantar y producir crecimiento en sus iglesias. Hoy, muchos predicadores asisten a seminarios, convenciones y depósitos de ideas, donde jóvenes ministros profesionales usan gráficas y encuestas para mostrarles como construir iglesias más grandes. Otros ministros acuden en masas a “campañas de avivamiento, esperando aprender nuevos métodos de como hacer la obra2, pero al parecer, poco desean pagar el pecio de doblar más las rodillas y postrarse más y más en oración. 

     Carlos Finney decía que el secreto de los avivamientos se encontraba en la oración. Juan Wesley expresaba, tengo tantas cosas por hacer, que dedico la mayor parte del tiempo a orar, antes de estar dispuesto a hacerlas.  Jorge Muller pudo decir al fin de su vida, que ni siquiera una vez había pedido a otra persona dinero, ni públicamente ni privadamente, ¡solamente oraba!3  Adoniram Judson acostumbraba pasar mucho tiempo orando de madrugada y de noche, su consejo era, si te es posible, planifica tus asuntos, de manera que puedas pasar dos o tres horas todos los días, no solamente adorando a Dios sino orando en secreto. C. Spurgeon les decía a sus estudiantes, si ustedes no se convierten en hombres de oración; dignos sois de lástima y sus ovejas serán dignas de más lástima todavía.4

Y la lista sigue y sigue, pero la síntesis es sencilla: la misión sólo será posible para los hombres y mujeres que oran.  

Dios nos ama tanto, que tarde o temprano, nos llevará a estar de rodillas. Dios desea que seamos personas que oren y actúen: que podamos orar primero y, luego, actuar en respuesta a su guía.

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Referencias:

1 James Banks (2017). La oración como prioridad. La oración puede mucho, ministerio Nuestro Pan Diario. Consultado en: http://cdn.rbcintl.org/cdn/pdf/br_CX516_w_laoracionpuedemucho.pdf

2 David Wilkerson (1999). El testimonio del Señor.  Consultado en: https://worldchallenge.org/es/newsletter/%C2%A1el-testimonio-del-se%C3%B1or-las-naciones

3 Biblioteca Cristiano Primitivo (s.f). Una vida confiada, biografía de Jorge Muller. Consultado en: http://www.elcristianismoprimitivo.com/jorgemuller.htm

4 Nestor Blanco (s.f). Hombres de Oración.  Ministerio Internacional de Restauración Cristo Vive. Consultado en:   http://ministeriorestitucion.org/?p=338

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Emisores del Evangelio

A n t e r i o r e s    d e 

Por:   Pbro. Ramón Ross R. ThM

Hay mucha diferencia de opiniones con respecto al método de Jesús. Se dice que una de las virtudes que distingue a los grandes teólogos, es su capacidad de comunicar de manera muy sencilla,

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